En consulta vemos con frecuencia personas que viven con dolor, fatiga crónica, molestias digestivas, mareos, aturdimiento, opresión torácica, dolores de cabeza o síntomas neurológicos que llevan meses – a veces años- presentes.
Se han hecho estudios, han pasado por diferentes médicos, opiniones, valoraciones y se han descartado enfermedades graves, el tratamiento está bien indicado y sin embargo, los síntomas continúan.
A esto la medicina actual lo denomina síntomas somáticos persistentes: molestias físicas reales, presentes la mayoría de los días durante varios meses, que generan malestar y afectan la calidad de vida, independientemente de su causa (Burton, et al, 2024).
¡Ojo! No significa que “no haya nada” o que “todo esté en la cabeza”, significa que el proceso se ha vuelgo mas complejo.
¿Qué tipo de síntomas pueden volverse persistentes?
Prácticamente cualquiera:
- Fatiga que no mejora con el descanso
- Dolor lumbar o cervical continuo
- Dolores de cabeza recurrentes
- Sintomas digestivos (distensión, diarrea, urgencia)
- Opresión torácica o palpitaciones
- Mareo o aturdimiento
- Dolor muscular generalizado
Lo importante no es solo el síntoma, sino su duración, impacto y sufrimiento asociado (Burton, et al, 2024).
¿Por qué persisten si ya no hay enfermedad activa?
Es en este punto en donde la medicina contemporánea da un paso adelante. La evidencia actual muestra que los síntomas persistentes no se explican únicamente por daño orgánico ni únicamente por factores psicológicos. Son el resultado de una interacción compleja entre cuerpo, cerebro y contexto (Burton, et al. 2024).
Entre los factores implicados se encuentran (Burton, et al. 2024):
Biológicos:
- Inflamación persistente de bajo grado
- Alteraciones inmunológicas
- Cambios en microbiota
- Regulación alterada del sistema nervioso autónomo
- Sensibilización central
Cognitivos y emocionales:
- Expectativas negativas sobre el cuerpo
- Focalización excesiva en las sensaciones
- Interpretaciones catastróficas
- Ansiedad relacionada con la salud
Conductuales:
- Evitación de actividad física
- Reducción progresiva del funcionamiento
- Vigilancia constante de síntomas
Con el tiempo, el cerebro puede aprender a anticipar el síntoma y cuando esa expectativa se vuelve muy fuerte, el sistema nervioso comienza a generar la experiencia física incluso sin daño activo signiticativo.
Esto no es imaginación, esneurobiología del aprendizaje y de la percepción (Burton, et al. 2024).
El papel del cerebro: cuando la señal se amplifica
Hoy sabemos que el cerebro no solo recibe señales del cuerpo, sino que constantemente predice lo que espera sentir. Cuando una persona ha vivido episodios repetidos de dolor (físico y emocional), inflamación o crisis, el sistema nervioso puede volverse hipersensible. Es como si el “volumen” interno estuviera demasiado alto.
El resultado:
- Más intensidad percibida
- Más interferencia funcional
- Más miedo
- Más atención al síntoma
Así entonces se forma un círculo que mantiene el problema.
Lo más importante: el síntoma es real
Una de las mayores heridas que viven estos pacientes es el estigma.
“Tus estudios están normales”
“No parece nada grave”
“Relájate”
El hecho de que no exista daño estructural visible no invalida la experiencia (Burton, et al. 2024)
¡El sufrimiento es real!
¡La discapacidad es real!
¡La fisiología involucrada es real!
La clave no es negar el síntoma, es validarlo y comprender el mecanismo que lo mantiene.
Entonces… ¿qué se hace?
El manejo moderno propone tres niveles (Burton, et al. 2024):
- Tratar la enfermedad cuando existe. Siempre debe descartarse y tratarse la patología orgánica activa.
- Explicación integradora. Un modelo biopsicosocial claro reduce la ansiedad y mejora el pronóstico.
- Intervenciones dirigidas. La evidencia muestra que intervenciones psicológicas estructuradas (psicoterapia cognitivo conductual y modelos integrativos) pueden reducir intensidad y discapacidad.
En casos específicos, ciertos fármacos pueden ayudar cuando hay comorbilidad ansiosa o depresiva.
Lo mas poderoso es recuperar:
- Confianza corporal
- Movimiento progresivo
- Regulación emocional
- Expectativas realistas
Una nueva forma de entender el síntoma
Los síntomas somáticos persistentes no son debilidad, no son invención, no son fracaso terapéutico. Son el resultado de un sistema que intentó protegerse… y quedó en alerta permanente.
En Centro IDENTA creemos que la integración es el camino: Medicina interna + Neuropsicología + Psicoterapia basada en evidencia (MODELO IDENTA – IBI IDENTA V0.1).
Cuando comprendemos el proceso completo, dejamos de luchar contra el cuerpo… y comenzamos a reorganizarlo.
Referencias:
- Burton, C., & Fink, P. (2023). Persistent physical symptoms: Pathophysiology and management. The Lancet, 401(10380), 1103-1115.
Elaborado por: Dr. Alejandro Luque Hernández
